
Se perdió…
… aquel hablar sin palabras;
… aquel embrujo entre tú y yo;
… aquella confianza;
… aquel deseo de compartir.
Se perdió…
… el deseo de quitarse la máscara para mostrarnos tal cual somos;
… aquel abrir la puerta del propio caparazón para dejar adentrarse más allá de su infranqueable umbral.
Se perdió…
… las ganas de contarte;
… la voluntad de escucharte, no sólo de oírte;
… el querer hacerte partícipe de mis risas y, también, de mis lágrimas.
En definitiva,
ahora ya sólo te veo con extrañeza;
te siento delante de mí como otr@ anónim@ más de los muchos que cruzo en plena calle;
te siento en la lejanía, como si nunca hubiese compartido contigo palabras, sueños, dolores, o abrazos.
Todo lo bueno que parecía haber en el espacio que habíamos construido entre tú y yo lo barrió una tempestad sorda, seca e imperceptible. Y ya nada se puede recuperar.
… aquel hablar sin palabras;
… aquel embrujo entre tú y yo;
… aquella confianza;
… aquel deseo de compartir.
Se perdió…
… el deseo de quitarse la máscara para mostrarnos tal cual somos;
… aquel abrir la puerta del propio caparazón para dejar adentrarse más allá de su infranqueable umbral.
Se perdió…
… las ganas de contarte;
… la voluntad de escucharte, no sólo de oírte;
… el querer hacerte partícipe de mis risas y, también, de mis lágrimas.
En definitiva,
ahora ya sólo te veo con extrañeza;
te siento delante de mí como otr@ anónim@ más de los muchos que cruzo en plena calle;
te siento en la lejanía, como si nunca hubiese compartido contigo palabras, sueños, dolores, o abrazos.
Todo lo bueno que parecía haber en el espacio que habíamos construido entre tú y yo lo barrió una tempestad sorda, seca e imperceptible. Y ya nada se puede recuperar.




